21 de octubre de 2013

A TODAS Y A NINGUNA


A los tiempos que el acento era un deje suburbial,
A los sueños de este abstemio que empiezan a colocar,
En el punto kilométrico que hay de aquí a ningún lugar,
A la noche efervescente en que quemé mi pubertad.

A las copas de la gente que se olvidó de pagar,
a los litros de agua ardiente que he dejado de tomar
a los chutes de bromuro contra la infidelidad,
al volumen, y a esos tangas que nunca pude bajar.

Al amor en efectivo que me quiso de verdad,
a las ruedas de molino que tuve que excomulgar,
a los dientes del destino y a su apetito voraz,
y los urinarios mixtos, suite del morbo mas procaz.

A las pilas alcalinas: Que dejen de funcionar
y el casette de las mentiras, no vuelva a rebobinar,
a la cruz de las caídas que me hicieron levantar,
a la angustia, a la agonía y a los que ya no llegarán.
A los que hagan una fiesta, con orquesta
la noche de mi funeral. … a las flores de tergal.

A las horas ganadas perdiendo su atracción fatal,
a la trasfusión bancaria; sangre de curso legal,
a los Judas de agua dulce: salaos baños de humildad,
y a las putas que me lucen su sonrisa vertical.

A las leyes de bolsillo que ardan en papel de fumar,
a los gramos escondidos en el conducto nasal,
a los besos de tornillo que están sin desenroscar,
a mi corona de espinas, una reina virtual.

A los guantes de boxeo, al K.O., al ring. La cuenta atrás.
A la luna fluorescente de mi noche de San Juan,
a betún fosforescente del tacón del transexual,
a la sangre del torero fracasado en algún bar.

Al pincel de los cantantes, a la acuarela del mar,
a la suerte del principiante, que a la ruina ha de llevar,
a las cuentas del rosario de mi satánico plan,
y al apretón de las manos de Sansón en el Pilar.
A mis viudas, que en mi entierro,
escupan hiel en mi agujero, y además,
a sus flores de tergal.

Al servicio de urgencias con jacuzzis de champán,
a entrada de emergencia con a la salida principal,
a los ojos de tu espalda: un striptis integral,
y a las falsas esperanzas, un play back de sexo anal.

Al noviazgo a tumba abierta de mi querida formal,
a la moto de mi vida que no me deje de amar,
al yogurt de las esencias sin mes de caducidad
y al perfume de tu ausencia, tu sudor en su lugar.

Al Voalleur del quinto infierno y a mi clímax visual,
al jinete apocalíptico: esta frase terminal,
a los anticonceptivos del vicio de imaginar,
al desenfreno galopante, cuesta bajo y sin airbag.

Al “No sé que” al “Estoy harta” al “otra vez” y al “Basta ya”
a las peleas de tartas, al merengue, al “Cha cha cha”,
a ésta maldita carta que no hay forma de acabar,
al mal rayo que me parta, a este renglón y hasta el final.
Al esmoquin de madera que luzca mi calavera,
en la noche eterna de mi fosa nupcial,
que nunca descanse en paz, 
....a las flores de tergal

Elgran Ausente.





El Diablo Rojo.