11 de marzo de 2017

• PEQUEÑOS FRACMENTOS DE UN ROTO •



(pequeño fragmento de un roto)

               ... era un mundo ajeno, sórdido, en el que sobrevivir era cosa de mantenerte como un poste de telégrafos; recto y en alta tension . Pero sobre todo legal contigo mismo, sin traicionar tus principios más básicos para alimentar la vanidad, en vez de luchar por el fin , sin tener que justificar los medios. Todo, no me valía. 

                 Hoy con la conciencia  menguada y, probablemente mermada, guiado quizá por los fantasmas y espectros que en mi viviero, años atrás, salgo en cuanto puedo buscando la profundidad fotográfica con el filtro de mis ojos, fondos sin ruidos mecánicos,  la sencillez natural, el rostro plateado de la noche, la confidencial y exclusiva mirada de la luna, o el guiño de soslayó de la misma; ésta noche turca, y embadurnarme, igual que de niño, con el chocolate.. y tener esa sensación de que mañana lunes no hay cole. 


            Tumbado en la grama humeda,  cuento pequeñas estrellas, dibujando peces o nombres de mujeres sobre ellas con mi dedo, hasta que llego a montañas recortadas por anaranjada luz una ciudad que parece en llamas. La penumbra me regala la posibilidad inimaginable; puedo ver la muerte crucificada en un olivo de perfil goyesco...  fantasmagórico. Esculpida, medio dibujada en las viejas rocas calizas, mortificadas durante siglos por los elementos, puedo distinguir perfectamente a la Virgen "La Milagrosa" con su pie inamovible ahogando a la serpiente verde de cada día. Me pregunto si sólo yo veo esas cosas en esta rara oquedad. Quizá he de compincharme conmigo mismo como testigo mudo de sus rincones  tan  bellos y negros, guardando el secreto.


                De nuevo siento el relente en mi piel y se alborotan en mis venas, mis manos incluso en mi sexo. Pero antes del amanecer me escurro, igual que agua de lluvia, por las angostas troneras, por las acequias abiertas y las cunetas bien afeitadas para llevar el agua clara al río, y tinto sus aguas de azul marino, disolviendome entre remolinos hasta formar parte del río, y desaparezco. Pero al desembocar en el mar, la sal marina, las algas y los erizos muertos regeneran mi materia, uniendo mis elementos que vuelven a articularse en una ebullición crepuscular. Y por unos segundos me invento un mundo nuevo, entre nubes celestes,  enriqueciendo su belleza con los primeros rayos de sol de la mañana, es justo entonces cuando me retiro y puedo dormir.

                        Josetxu Erreke♤Elgran Ausente 


Calle Llargarto, otoño 2016.