5 de agosto de 2017

• EL AÑO EN QUE LAS ANFETAS Y EL ALCOHOL TE CONVENCIERON DE LA EXISTENCIA DE DIOS •





Me miro y te reconozco...
Hubo un dia, que quisimos
matar de hambre al aire 
y al viento que nos dio de comer, 
tierra a vendavales.

Buscábamos por la ciudad 
el fluido estelo-lunar, 
oyendo a The Cure, 
sin poder ver nuestras sombras 
volar por las paredes, 
en una densa desesperación.


Incapaz de mirar el cielo,
sin gafas de sol de marca,
cree un cataclismo de tu talla
con plaza de garaje y ascensor
y albornoces con rayas a juego, 
y tú lo llamaste hogar.
Desencajados por la velocidad 
cada noche creabas la luz 
y follábamos, entre el crepitar 
del pino seco, hilos de incienso
y el último éxito de no sé quién,
sacado de extrangis del Corteinglés. 

En mi condición y pacto
de lagartija de Egipto,  
expulsé todo mi agua
antes de achicharrame
en mi propia hoguera.
Tu caudal no volvió más
por mis cauces a las regatas
secas y enrevesadas de mi ser.  

Tan sólo quedó lo básico 
el aroma de la esencia;
lo esencial en fuga .
La base, y bucles grises 
del humo de los pitillos 
adulterados con tóxicos.
El nombre del escritor.

Las burbujillas de un éxtasis 
ahogado en un güisqui con cola,
la alcohólica diálisis semanal
un adhesivo de Helmet,
el derretido hielo, 
tubos de cristal,
la marca pluvial en las ventanas
y extractos bancarios, sin abrir,
camino a las alcantarillas.

El monóxido de carbono, 
un pañuelo perfumado,
un beso en la servilleta, 
unas medias de rejilla calcinadas, 
por la saliva de la lengua del dragón  
en tu sexo en llamas,
las marcas de cuero del asfalto
las del asfalto en la piel quemada.

Manchas de sangre, de orín...
El estribillo de la canción. 
El asiento sin copiloto,
sábanas en la basura quemadas 
por el sueño de los cigarros.
La noche en que pudimos ser
en los oídos de nadie,
llaveros sin llaves,
las cicatrices de cuchillas 
en los antebrazos del corazón,
aunque, probablemente, 
estábamos muy colocados para ello.

El año que la disidrina, el cánnabis 
el rock & Roll  el speed, la cocaina,
el alcohol, las motos y un mal viaje,  
te convencieron de que dios existe...
jurando que hablaba español.


 Josetxu Erreke®Elgran Ausente.