11 de diciembre de 2017

° EL FRÍO SILENCIO DE LOS ELECTRODOMÉSTICOS °






Dormir con la ventana abierta, en invierno,
no es por deporte de riesgo extremo,
ni adicción a sustancia alguna
segregada por el cerebro al hacer el idiota,
o al salir sano y salvo de tal o cual idiotez.

Dormir con el balcón abierto, en invierno,
es un acto de fe suicida y desesperado,
máxime, cuando sabes que ni el "Tato"
va a aparecer por el balcón o la ventana
con la música de Épica de fondo, a todo trapo.
Qué nadie te va a rondar, ni en sueños,

con la tuna universitaria 
de Alcalá de Henares a la espalda,
cantando, a dos voces, "Clavelitos",
mientras tus vecinos, atónitos, defecan,
al unisono mental, en todos tus muertos,
y tú en los suyos; que están más cerca.

Dormir a cielo abierto, en invierno, 
es vivir en perfecta comunión
con los animales y bestias de la noche
y las cuatro esquinas de mi calle,
es pura melancolía sacramental.
El voto de silencio del asfalto,
de la puerta, de sus visagras, 
del inodoro, del timbre, del móvil,
hasta del centrifugado de la lavadora.

Dormir sin ti, ni en invierno ni en verano,
es congelar tus propias vísceras, 
como sorpresa, para el roscón de reyes; 
descorazonarse literalmente.
Es una forma, de tantas, de pasar
los últimos y agónicos momentos,
con tu misma esperanza desaucida,
herida de muerte por tí mismo.

Así dure el trámite, un beso de tu boca.

Josetxu Erreke®Elgran Ausente.


Calle Llagarto, diciembre de 2017.